Publicado el marzo 15, 2024

Creemos que las mejores rutas se descubren con un planificador o evitando autopistas en el GPS. Pero la verdad es otra: las auténticas carreteras «verdes» no están en los mapas, sino en nuestra capacidad de mirar. Este artículo no es una guía de aplicaciones, sino un manual para recalibrar nuestros sentidos, para aprender a leer el asfalto, el paisaje y el ritmo de la España rural, convirtiendo cada viaje en una experiencia fotográfica y sensorial única a 60 km/h.

El zumbido monótono de la autopista adormece los sentidos. El paisaje, una mancha verde y marrón que pasa a 120 km/h, se vuelve irrelevante. El destino es lo único que importa. Todos conocemos esa sensación de viajar en moto como un mero trámite, un desplazamiento eficiente pero vacío. Buscamos en foros, compramos guías y usamos la opción «evitar autopistas» en el GPS, pensando que la clave para una buena ruta está en la planificación. ¿Y si el secreto no estuviera en la tecnología, sino en la filosofía con la que nos subimos a la moto?

Este artículo propone una ruptura con esa idea. La verdadera magia del «slow riding», de viajar despacio, no reside en encontrar la carretera perfecta en un mapa, sino en desarrollar una calibración sensorial que nos permita ver la belleza en cualquier comarcal. Se trata de cambiar el objetivo: el asfalto deja de ser un medio para convertirse en el destino. Es una invitación a viajar como un fotógrafo, no buscando la foto perfecta, sino manteniendo un ritmo fotográfico constante, donde cada curva, cada cambio de luz y cada textura del asfalto se convierten en parte de una composición mayor.

A lo largo de las siguientes secciones, exploraremos cómo la elección de la moto, la gestión de los imprevistos rurales, la protección de nuestro equipo fotográfico e incluso nuestra alimentación se convierten en herramientas para afinar esta percepción. Descubriremos que una suspensión bien ajustada es más un instrumento musical que una pieza mecánica y que planificar un viaje por la España Vaciada es una lección de humildad y adaptación. Prepárate para dejar de buscar carreteras y empezar a descubrirlas.

Para guiarte en este cambio de perspectiva, hemos estructurado el artículo en varias etapas clave que te ayudarán a dominar el arte del slow riding, desde la elección de tu montura hasta la logística en los territorios más despoblados. Descubre cómo cada detalle contribuye a una experiencia más rica y profunda.

¿Por qué una moto clásica o custom se disfruta más en carreteras comarcales que una deportiva?

La respuesta no está en la potencia, sino en la postura. Una moto deportiva está diseñada para atacar el ápice de la curva, con el cuerpo inclinado hacia delante y la vista fija en el siguiente punto de frenada. Es una experiencia intensa, pero introspectiva. Por el contrario, una moto clásica o custom te obliga a adoptar una postura erguida, casi contemplativa. El motor vibra a bajas revoluciones, marcando un compás tranquilo que se sincroniza con el paisaje, no que lo devora. No es una cuestión de velocidad, sino de propósito: la deportiva busca el tiempo por vuelta; la custom, la calidad del momento.

Esta ergonomía es la primera herramienta para nuestra calibración sensorial. Permite una visión panorámica, un cuello relajado para girar la cabeza y absorber los detalles, y una menor tensión física que prolonga el placer de la ruta durante horas. Como demuestran viajeros como Diana y Albert de Bdeviajeros, que han recorrido más de 30 países con motos de mecánica simple, el ‘slow riding’ no es una limitación, sino una filosofía. Su experiencia demuestra que las carreteras secundarias de España, con su infinita variedad de paisajes y gastronomía, se aprecian mejor cuando la moto es una extensión de tus sentidos, no una barrera de velocidad.

Las ventajas de esta elección son tangibles y se adaptan perfectamente al turismo rural:

  • Posición erguida del piloto: Permite una visión panorámica de 180° del paisaje circundante, ideal para contemplar los campos de la Meseta o los acantilados gallegos.
  • Altura del asiento accesible: Una altura de entre 700-800 mm facilita las paradas frecuentes para hacer fotografías o descansar en pueblos sin acumular fatiga.
  • Manillar alto y ancho: Reduce la tensión en muñecas y hombros durante las 4-6 horas típicas de una ruta comarcal.
  • Ritmo de conducción pausado: Las revoluciones bajas (entre 2500-4000 rpm) se sincronizan con el pulso tranquilo de la España rural.
  • Mecánica simple y fiable: Aumenta la probabilidad de encontrar soluciones en talleres de pueblo ante averías menores, reduciendo el estrés del viaje.

¿Cómo gestionar los cruces con maquinaria agrícola en carreteras estrechas de la España rural?

Encontrarse con un tractor en una carretera comarcal no es un obstáculo, es una confirmación: has llegado al lugar correcto. Estás inmerso en el ritmo de la tierra. La reacción instintiva, dictada por la prisa de la ciudad, es la frustración y la búsqueda ansiosa del adelantamiento. Pero desde la perspectiva del slow riding, es una oportunidad. Es un momento para reducir aún más la velocidad, para observar los detalles del vehículo agrícola, para oler la tierra removida y para interactuar con la persona que trabaja ese campo. La paciencia no es una virtud, es una herramienta de inmersión.

La red vial española está dominada en gran medida por este tipo de vías; de hecho, las carreteras provinciales (CP) y comarcales (CM) representan el 43% del total, con límites de 90 km/h que rara vez se alcanzan. La clave para gestionar estos encuentros es la anticipación y la comunicación. El barro en la calzada o las rodadas frescas en la entrada de una finca son las señales que te avisan de una posible presencia agrícola. La gestión de estos momentos define tu viaje: puedes convertirlo en un instante de estrés o en un respetuoso saludo con la mano que te conecta con el entorno.

Motociclista esperando pacientemente detrás de un tractor en una estrecha carretera rural española

Adoptar un protocolo de seguridad no solo te protege, sino que facilita una convivencia armónica. La comunicación no verbal, como un leve toque de claxon o una señal con la mano, transforma al agricultor de un obstáculo a un colaborador que, en la mayoría de los casos, te facilitará el paso en cuanto sea seguro. Mantener una distancia generosa te da tiempo de reacción y, sobre todo, una mejor perspectiva del paisaje que el tractor te está obligando a admirar. Es la materialización de la conducción contemplativa.

Cámaras de acción o reflex: ¿dónde llevar el equipo fotográfico para que no sufra con las vibraciones?

Si viajamos a un ritmo fotográfico, el equipo se convierte en una extensión de nuestra mirada. Pero la moto, especialmente en carreteras bacheadas, es un entorno hostil para la electrónica delicada. La vibración constante puede dañar los estabilizadores de imagen y los componentes internos. La elección de dónde y cómo transportar la cámara no es solo una cuestión de protección, sino de accesibilidad y espontaneidad. Un equipo guardado en el fondo de una maleta es un equipo que no se usa. Uno demasiado expuesto es uno que se rompe. El equilibrio es el arte.

La solución ideal depende del tipo de ruta y del tipo de fotógrafo que seas. La bolsa sobredepósito ofrece un acceso inmediato para capturar esa luz efímera en los campos de La Mancha, pero transmite más vibraciones. La mochila fotográfica protege mejor el equipo y es ideal para tramos de curvas en los Pirineos donde necesitas máxima agilidad, pero requiere parar para sacar la cámara. Las maletas rígidas con inserciones de espuma son la caja fuerte definitiva para viajes largos, pero limitan la improvisación. Marcas especializadas como SW-Motech o Kriega ofrecen soluciones diseñadas específicamente para este dilema, aunque a un precio más elevado.

Para ayudarte a decidir, esta tabla resume las opciones principales, como se detalla en análisis de equipamiento para rutas moteras:

Comparativa de sistemas de transporte para equipo fotográfico en moto
Sistema Ventajas Desventajas Ideal para
Bolsa sobredepósito Acceso rápido, no carga la espalda Más vibraciones directas Fotos improvisadas en La Mancha
Mochila fotográfica Mejor protección, distribución del peso Inaccesible en marcha, carga la espalda Curvas de los Pirineos
Maletas laterales con foam Máxima protección, gran capacidad Acceso limitado, peso extra Rutas largas por Castilla
Bolsas específicas moto (SW-Motech, Kriega) Diseñadas anti-vibración, impermeables Precio elevado Profesionales y viajes largos

Plan de acción: auditoría de tu equipo fotográfico para la ruta

  1. Puntos de contacto: Lista todos los lugares donde llevarás la cámara (mochila, sobredepósito, maleta) y evalúa su exposición a la vibración.
  2. Recolección: Inventaría el equipo esencial. Limítate a un cuerpo, uno o dos objetivos versátiles, baterías extra, tarjetas y quizás un trípode compacto. Menos es más.
  3. Coherencia: Confronta tu sistema de transporte con el tipo de ruta. ¿Una mochila pesada en un viaje de 8 horas por rectas castellanas? Quizás no sea la mejor idea.
  4. Memorabilidad/emoción: Evalúa si tu configuración te invita a parar o si es tan engorrosa que te desanima. El objetivo es eliminar la fricción entre el impulso de fotografiar y la acción de hacerlo.
  5. Plan de integración: Prepara tu sistema anti-vibración (espumas, toallas de microfibra) y realiza una prueba en un trayecto corto para detectar problemas antes del gran viaje.

El error de comer platos pesados en ventas de carretera si te quedan 100 km de curvas

La parada a comer es un ritual sagrado en cualquier ruta motera, un momento para estirar las piernas y sumergirse en la gastronomía local. Sin embargo, en la filosofía del slow riding, la comida no es solo combustible, es un factor que influye directamente en nuestra capacidad de percepción. Un plato pesado, como un cocido o un asado copioso, provoca una respuesta fisiológica inevitable: la somnolencia postprandial. La sangre se desvía al sistema digestivo, reduciendo la agilidad mental y los reflejos, justo lo que necesitas para disfrutar de un tramo de curvas con seguridad y atención plena.

El error no es parar en una venta de carretera, sino elegir mal el menú. Los expertos lo advierten: conducir con el estómago lleno puede ser tan peligroso como hacerlo con sueño. La clave está en optar por comidas ligeras pero energéticas: una ensalada, un pescado a la plancha, un bocadillo de buen jamón o un gazpacho fresco. Esto es especialmente relevante en regiones con una rica oferta gastronómica costera como Galicia, donde se puede disfrutar de marisco de alta calidad sin sentirse pesado para continuar la ruta. El truco es comer para seguir disfrutando del viaje, no para terminarlo.

Mesa de venta de carretera con bocadillo de jamón ibérico y gazpacho, casco de moto al lado

Además, saber identificar una venta auténtica de una «trampa para turistas» es parte de la experiencia. Fíjate en el aparcamiento: si está lleno de camiones y coches con matrículas locales, es buena señal. Un menú del día cantado o escrito en una pizarra es infinitamente más fiable que una carta plastificada en cinco idiomas. Estos lugares no solo ofrecen una comida más honesta, sino que son portales a la cultura local, lugares donde puedes escuchar el acento de la región y sentir el pulso real del lugar que estás visitando.

Cuándo la suspensión blanda es tu mejor aliada: confort sobre parches y baches comarcales

En el asfalto perfecto de un circuito, una suspensión dura es sinónimo de precisión y control. Pero en el mundo real de las carreteras secundarias, la historia es muy diferente. La red vial española, según datos del Ministerio de Transportes, está compuesta en un 43% por carreteras autonómicas y provinciales, cuyo firme no siempre es perfecto. Aquí, una suspensión demasiado rígida se convierte en un enemigo: transmite cada imperfección directamente a tu columna, generando fatiga y reduciendo la concentración.

Es en este contexto donde una suspensión con un tarado más blando se convierte en tu mejor aliada. No se trata de sacrificar el control, sino de ganar en confort y capacidad de lectura del terreno. Una suspensión que absorbe los baches en lugar de rebotar sobre ellos mantiene la rueda en contacto con el asfalto, mejorando la tracción y permitiéndote disfrutar del paisaje en lugar de estar constantemente escaneando el suelo en busca de la siguiente grieta. Es lo que podríamos llamar la «geografía de las vibraciones»: sentir el camino sin sufrirlo.

Esta cualidad es especialmente valiosa al atravesar los cascos históricos de ciudades Patrimonio como Cáceres, Salamanca o Toledo. Sus calles adoquinadas pueden ser una tortura con una suspensión deportiva. Sin embargo, con un tarado más blando, la moto parece flotar, creando un efecto de «alfombra mágica» que te permite admirar la arquitectura centenaria sin que los empastes de los dientes peligren. Lo mismo ocurre en rutas por la España vacía, como las de la sierra entre La Demanda y los Picos de Urbión, donde a menudo se circula por trazados construidos sobre antiguos caminos de herradura. Aquí, la comodidad no es un lujo, es una necesidad para poder disfrutar del descubrimiento.

El riesgo de olvidar que frenas con tambores y neumáticos estrechos tras bajarte de una moto moderna

Pasar de una moto moderna con ABS, doble disco y neumáticos anchos a una clásica con frenos de tambor y gomas estrechas es como pasar de escribir en un ordenador a hacerlo con pluma y tintero. Ambas herramientas cumplen su función, pero requieren una técnica y una mentalidad completamente distintas. El mayor riesgo es el exceso de confianza, olvidar que la tecnología de frenado ha evolucionado drásticamente y que la física sigue siendo implacable.

La frenada en una moto clásica es un arte que requiere anticipación. Las distancias pueden llegar a duplicarse, especialmente en asfaltos pulidos por el sol del sur o mojados por la lluvia del Cantábrico. Como advierten los manuales de conducción segura, el bloqueo de rueda es un peligro muy real.

En las húmedas y reviradas carreteras de Asturias o Cantabria, el bloqueo de rueda es un riesgo real con frenos de tambor.

– Manual de conducción segura DGT, Recomendaciones para motocicletas clásicas

La técnica cambia por completo. Hay que aprender a usar el freno motor como herramienta principal en las bajadas de puertos como los de Picos de Europa o la Sierra de Gredos. Se debe aplicar primero el freno trasero para estabilizar la moto antes de solicitar la ayuda del delantero. Y, sobre todo, hay que interiorizar una regla de oro: reducir la velocidad siempre antes de entrar en la curva, nunca dentro de ella. Esto implica una conducción proactiva y fluida, donde la anticipación sustituye a la reacción brusca.

El mantenimiento también es crucial. Unos frenos de tambor requieren revisiones y ajustes periódicos, especialmente en rutas largas, para compensar el desgaste y asegurar su eficacia. Ignorar estas peculiaridades es invitar al desastre y arruinar una experiencia que, bien gestionada, es inmensamente gratificante.

¿Por qué una suspensión convencional bien ajustada supera a una electrónica mal calibrada?

Las suspensiones electrónicas semiactivas son una maravilla de la ingeniería. Se adaptan en milisegundos a las condiciones del asfalto y ofrecen un rendimiento soberbio. Sin embargo, su complejidad es también su talón de Aquiles, especialmente cuando nos aventuramos en la España rural. Un sistema electrónico mal calibrado, con menús y modos que no entendemos del todo, puede ofrecer una experiencia de conducción peor que la de una suspensión convencional simple pero perfectamente ajustada a nuestro peso y estilo de conducción.

El ajuste del SAG (el hundimiento de la suspensión con el peso del piloto) es el paso más importante y, a menudo, el más olvidado. Un SAG correcto, que suele rondar el 25-30% del recorrido total de la suspensión, asegura que la rueda trabaje en su rango óptimo, copiando el terreno en lugar de rebotar o hacer tope. Este ajuste se puede realizar con herramientas básicas y una simple brida de plástico, un conocimiento al alcance de cualquier aficionado que marca una diferencia abismal en el comportamiento de la moto.

Además, está el factor de la fiabilidad. Como demuestra la experiencia de empresas como IMTBIKE, que gestiona una gran flota de motos en rutas por toda España, una suspensión convencional ofrece una mayor robustez en zonas remotas. En provincias como Soria o Teruel, donde los talleres especializados en electrónica de última generación escasean, un fallo en un sensor puede significar el fin del viaje. En cambio, un amortiguador convencional puede ser reparado o ajustado en casi cualquier taller de pueblo. La simplicidad se convierte en sinónimo de libertad y tranquilidad, permitiéndonos disfrutar del viaje sin la espada de Damocles de un fallo electrónico.

Puntos clave a recordar

  • El «slow riding» es una filosofía de conducción sensorial, no solo una cuestión de velocidad.
  • La ergonomía de una moto clásica o custom es una herramienta para la contemplación del paisaje.
  • Una suspensión bien ajustada y una alimentación ligera son claves para mantener el confort y la concentración en rutas largas.

¿Cómo planificar una ruta de 10 días por la España vaciada sin quedarte sin gasolina en domingo?

Adentrarse en la España Vaciada es una de las experiencias más auténticas que se pueden vivir en moto. Es un viaje en el tiempo, a un mundo de silencio, paisajes sobrecogedores y pueblos detenidos en la historia. Pero esta autenticidad tiene un precio: la logística se vuelve un desafío. Aquí, Google Maps no siempre es tu amigo y el concepto de «abierto 24 horas» es ciencia ficción. Planificar una ruta por estas zonas requiere una mentalidad de arqueología logística: desenterrar los ritmos y horarios de un mundo que funciona con otras reglas.

El mayor desafío es el combustible. Hay tramos, como los que unen ciertas zonas de La Siberia extremeña, donde puedes recorrer más de 150 km sin ver una sola gasolinera. Quedarse sin gasolina un domingo por la tarde puede convertirse en un problema muy serio. La solución pasa por adoptar un kit de supervivencia logístico. Esto incluye usar aplicaciones especializadas que listen gasolineras de cooperativas agrarias (a menudo las únicas disponibles), llevar siempre un pequeño bidón homologado con 1 o 2 litros de emergencia y, sobre todo, aplicar la regla de oro del sábado: llenar el depósito y hacer acopio de provisiones ese día, porque el domingo, en el mundo rural, casi todo cierra.

Mesa con mapa de carreteras desplegado, móvil con app de gasolineras y bidón de emergencia

Esta planificación va más allá de la gasolina. Implica llevar una batería externa potente para el móvil, ya que el GPS consume mucho, y tener una lista en papel con teléfonos de taxis y alojamientos rurales de la zona como respaldo analógico. No es paranoia, es adaptación. Es entender que la autosuficiencia es parte del encanto de explorar estos territorios. El objetivo no es evitar los problemas, sino estar preparado para ellos, convirtiendo un posible contratiempo en una anécdota más del viaje. La recompensa es una sensación de libertad y conexión con el entorno que ninguna ruta «fácil» puede ofrecer.

La próxima carretera comarcal te está esperando, con sus paisajes, sus silencios y sus gentes. Es el momento de dejar de medir los viajes en kilómetros y empezar a medirlos en sensaciones. Empieza a trazar tu propio mapa sensorial, prepara tu montura y redescubre el inmenso placer de viajar sin prisa.

Escrito por Carmen Ibáñez, Gestora Administrativa y experta en normativa de tráfico y homologaciones. Especializada en trámites con la DGT, recursos de multas, normativa ITV y legalización de reformas en vehículos.